¡Por fin ha llegado la noticia! ¡Ya es oficial! Me van a publicar la investigación que versa sobre la Fábrica de Mosaicos y Piedra Arti...

El árbol, el hijo y el libro


¡Por fin ha llegado la noticia! ¡Ya es oficial! Me van a publicar la investigación que versa sobre la Fábrica de Mosaicos y Piedra Artificial La Cartagenera, la empresa que mi bisabuelo Asensio Díaz Solano, su hermano José y Esteban Ros, cuñado de estos, instalaron en Almería en 1917; sin duda, es una historia que merece ser contada, ya que mi tío bisabuelo José Díaz Solano se fue de Cartagena con muy poco dinero en sus bolsillos y consiguió montar un pequeño imperio, con esfuerzo y amor a su trabajo, en la ciudad andaluza.

Inicié Almería Costumbrista en 2014. Mi idea era contar por la red, con mayor o menor acierto, algunas historias curiosas de las calles y personas representativas de mi ciudad, por lo que, en un arranque de ego absoluto, me dio por buscar datos referidos a familiares míos.

Aquel espacio digital nació porque acababa de finalizar mis colaboraciones en Cadena Ser y Canal Sur, emisoras a las que iba todas las semanas para contar leyendas, chascarrillos y un largo etcétera de un centro de patrimonio, de cuyo nombre prefiero no acordarme. No quería dejar pasar la oportunidad de seguir escribiendo sobre aquellos temas y seguí indagando por mi cuenta, sin cobrar ni un céntimo por dicho trabajo.

Un par de años más tarde ya tenía contacto con Ginés Valera, un almeriense que ama su tierra y lo manifiesta por medio de los diversos materiales que comparte en sus redes y en los diarios locales. Gracias a Valera, mi padre supo que el Instituto de Estudios Almerienses estaba a punto de iniciar una beca de investigación, por lo que él, mi hermana y yo presentamos nuestras respectivas ideas y finalmente el organismo eligió la mía.

Era la primera vez que me iban a pagar por un trabajo de tales características y me hallaba un poco verde. Habría sido lógico que hubiese presentado un texto que ya tuviera medio planificado, pero mi impulsividad y mis ganas hicieron que me lanzase a la piscina con muy poco material recopilado, sin saber muy bien si iba a poder presentar una obra al nivel que se me exigía.

Desde aquel momento me puse manos a la obra - nunca mejor dicho -. Visité los archivos de mi ciudad; viajé con mi padre a Linares, pues La Cartagenera tuvo sede en dicho enclave y en Sevilla; hablé con familiares que conservaban recuerdos de la fábrica; organicé el material fotográfico  del que disponía para la investigación y rastreé el espacio digital de la Diputación de Almería en busca de datos interesantes para el trabajo.

Ha sido una experiencia inolvidable, pero ha habido luces y sombras en ellas. En el proyecto colaboraron personas de manera incondicional, mas tuve la mala suerte de conocer a una que sólo me daba permiso para usar su material en la futura publicación del Instituto de Estudios Almerienses y, para colmo, otorgaba tanto valor a sus datos aportados que parecía que sólo los suyos fueran los más relevantes y los determinantes en el desarrollo de la investigación, lo cual era completamente falso.

También debo añadir que no siempre he contado con el apoyo de personas cercanas, pues algunas han preferido dar prioridad a otros asuntos. Sin ánimo de parecer pretencioso, quizás no han sabido ver que esta investigación nos sucederá cuando no estemos y será un bonito legado por el que se recordará a aquellas personas que tanto lucharon por sus vidas.

Recuerdo un dicho que encaja fantásticamente con este anuncio que hoy os hago: en la vida hay que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Bueno, amigos, pues estoy a punto de cumplir dos de esos objetivos. Respecto al que falta, os dejo, tengo que hablarlo detenidamente con mi pareja.

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