Hubo un tiempo en el que los edificios almerienses estaban revestidos con estos zócalos rojos con piedrecitas blancas. Según dicen, La Cartagenera, que era la fábrica de mi bisabuelo Asensio Díaz Solano, su hermano José y su cuñado, Esteban Ros Barbero, los elaboraba, aunque no puedo asegurar que los de la foto sean de la fábrica. 

Dentro de esa masa rojiza había una armadura de hierro, gracias a la cual quedaban más fortalecidos dichos elementos arquitectónicos. 

Si respetan nuestro patrimonio, podremos seguir viéndolos dentro de muchos años. Esperemos que así sea. 

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