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La pasión de Gabriel Cara González

Almería tiene muchos enamorados. Por la ciudad podemos observar a varios que se dan un cariño sin medida, pero en esta ocasión me vengo a referir a otro tipo de amor: al que se siente por la tradición oral; algunas personas, que se entregan tanto, pueden pasar la eternidad, sin mayor problema, embebidos en su pasión y conseguir que otras también se enamoren. Por eso os queremos hablar de Gabriel Cara González, un roquetero de pies a cabeza, un almeriense de corazón.



En el Centro de Patrimonio Inmaterial Almeriense y Fronterizo conservamos, desde hace varios años, un archivo digno de cualquier documental sobre tradición oral; Gabriel Cara González, un historiador de Roquetas, dispone de fantásticas anécdotas sobre su tierra y, por tal razón, ha escrito ya varios libros, tales como "Roquetas de mar: 400 años de historia" y "Roquetas de mar (1875 - 1935): Historia viva".

Hace varios años tuvo la gentileza de abrir su museo a Nieves Gómez y a un operador de cámara. De este modo, mostraba un archivo que, un amante de la historia de Almería, podría considerar un auténtico tesoro. Así, en aquella sala, se hallaban objetos muy diversos, los cuales habían sido aportados por conocidos del roquetero y otros fabricados por este en sus ratos libres - con muy buena mano, por cierto -.

¿Qué objetos podemos ver en su museo? Cochecitos de juguete hechos con alambre, un rizador de pelo con aspecto de tenazas, pieles de diversos animales en las paredes, todo tipo de vasijas para guardar líquidos variados y, algo que puede encantar a cualquier visitante, una maqueta del antiguo Roquetas de mar, aquel pueblo que, según cuenta este roquetero, estaba dividido únicamente en tres zonas.

Imagina, hay quien se dedica a pintar o a cantar en sus momentos de ocio. Este almeriense tiene una afición que, sin duda, resulta admirable y con la que ha llamado la atención de entidades que quieren hacerle hijo predilecto de Roquetas de mar. No es para menos. Sin embargo, como ya pasara con su buen amigo Antonio Pérez Iglesias, otro almeriense que era un enamorado y un enamoradizo, Gabriel Cara González nunca ha buscado la aprobación de nadie, ya que hace lo que hace porque le sale del corazón.

Es curioso cómo, a lo largo de los años, unos objetos son sustituidos por otros, o bien, dejan de usarse porque una labor o actividad se lleva cabo de otra manera y ya no hace falta recurrir a ellos; para un joven como yo, que no pasa de la treintena aún, hay materiales que le despiertan interés. En el archivo que estamos comentando, perteneciente al CPIAF, podemos ver una especie de flauta que luego resulta ser una tarja, la cual servía para saber qué y cuánto debía una persona a otra en tiempos en los que no existían ordenadores con los que apuntar todo bien.

Fantástica labor la de Gabriel Cara González. En el rostro de este hombre estaba entonces dibujada la sonrisa de quien realiza bien su trabajo, esa sensación de paz que siente la persona que disfruta con aquello que hace. Por ello, con el fin de proteger aquello que es nuestro, que forma parte de nuestra identidad y, en cierto sentido, corre por nuestras venas, desde el CPIAF deseamos que haya personas que sigan el ejemplo de este roquetero, el cual ha sabido ver la importancia que tiene nuestra historia, la de los ciudadanos de Almería.

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