Estaba pensando
que el tiempo pone todo
en su sitio,
que hubo un final
para que existiera un principio.

Creía que,
tras sus ojos,
había muerto mi equilibrio,
en un momento
en el que las promesas
no tenían ningún sentido.

Hay algo más que esperar
que caiga la noche
para me que me invadan los recuerdos,
hay mucho más que dibujar besos
sobre la superficie del pasado;
hay algo más
que verla en historias de otros,
hay mucho más que invadir su parcela
para prometerle el infinito.

Yo soñaba con mis palabras
gritándole al viento,
mientras ella se alejaba
y cada vez me sentía más pequeño;
los meses pasaban, los años en balde,
instantes perdidos para un corazón cobarde.

Aferrado a metáforas,
a millones de desvelos,
la buscaba en el horizonte
como un perro solitario,
me dormía en sus silencios,
compartía mis tristezas
con el fantasma de su cuerpo,
el que una vez fue mi santuario.

Hay algo más que esperar
que caiga la noche
para me que me invadan los recuerdos,
hay mucho más que dibujar besos
sobre la superficie del pasado;
hay algo más
que verla en historias de otros,
hay mucho más que invadir su parcela
para prometerle el infinito.

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