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Dale al play

Cuando comencé mi andadura en el podcasting, no sabía muy bien qué experiencias viviría. Este medio era una simple salida para seguir practicando locución, una solución fácil con la que aprender a producir mi propio espacio sonoro; con el podcast se abría un mundo nuevo, una “radio a la carta”, aunque sin la inmediatez de esta, ni las exigencias propias de cualquier actividad laboral llevada a cabo en una emisora.

Después de casi cinco años, puedo decir que he conocido usos del podcasting que, a mi juicio, son bastante interesantes. Este medio casero, realizado con muy pocas herramientas, es de gran utilidad para informar sobre los viejos y nuevos estrenos de la cartelera de cine; es usado en las aulas con la idea de enseñar a los estudiantes una forma diferente de aprender la lección; resulta ser la vía de escape para personas que necesitan contar al mundo algunas preocupaciones de su día a día; las empresas e industrias discográficas recurren a él con el objetivo de dar a conocer sus productos y, entre otras muchas más funciones, el podcast es una brillante manera de establecer lazos con quienes tienen unas inquietudes similares.


Grabar un podcast no es “llegar y besar el santo”. Para ello hay que tener unas mínimas nociones sobre edición de audio, es necesario disponer de una idea clara e interesante en el momento de darle al rec, y a la vista está que, muchos que comienzan en esto, se quedan en mitad del camino. No obstante, me parece muchísimo más importante que el podcaster tenga el suficiente valor para, sin que nadie le dé nada a cambio, publicar programas durante un largo periodo de tiempo. Esto último es lo más complicado.

Sin duda alguna, hacer podcast es una experiencia gratificante, aunque he de decir que son muchas las horas que una persona resta a otros quehaceres cuando se empeña en sacar a la luz el programa perfecto. Además, no faltan quienes confunden el podcast con la radio, pero lo cierto es que en forma son exactamente lo mismo: sonidos que nos transportan a otros lugares, la oportunidad perfecta para escuchar tu programa favorito tantas veces como quieras y cuando te plazca. El podcast, en definitiva, es el reflejo perfecto de una realidad imperfecta, materializado en un archivo que quedará  almacenado en tu memoria, si lo escuchas con ganas tan parecidas como las de quienes lo graban. Si fuera tú, no pensaría mucho si dar o no al play.


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