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¡Ya está bien!

Sí, ¡ya está bien! Ya está bien de no amarnos sin medida, sin razones, sin límites. Basta de poner muros a nuestros pensamientos, de cerrar el horizonte a la esperanza, de vivir con el miedo día a día. ¡Ya está bien, sí! ¡Ya está bien! 

Es hora de decirlo a voz en grito: ¡QUE YA ESTÁ BIEN! Es el momento de abrir los candados, de romper el yugo que nos ahoga. Sí, ese que impide sentir con la fuerza más desorbitada y que elimina cualquier rastro de optimismo en este camino tan lleno de piedras, las cuales son puestas por nosotros en ciertos momentos de nuestras vidas.

¡Ya está bien! ¡Que sí, que ya está bien! Ya está bien de tener que decir que ya está bien! Es tan posible creer en los cambios como no reconocer el poder de los mismos.
Se acabó el mirarnos por encima del hombro, se terminó el poner la zancadilla al prójimo, el no ofrecer nuestro abrazo a quien realmente lo necesita, aunque haya momentos en el que nuestro ombligo esté por encima de cualquier aspecto y pensemos que todo gira en torno a él.
Claro que es difícil poner el punto y final al NO, pero sólo es necesario querer hacerlo. Adelante.

Vamos a pensar que lo dicho anteriormente no es una quimera. No existe ningún vaso medio lleno, ni medio vacío. Sólo tú lo pintas en tu mente, para autoconvencerte de cómo la vida es una prueba terrible que hay que superar de cualquier manera. ¡Ya está bien de mirar hacia atrás! ¡Ya está bien de no prestar atención al mundo! ¡Ya está bien de decir "no puedo" o "esto es imposible"! Seguramente lo sea, si no intentas creer en ti mismo, ese ser único que puede hacer tanto por mejorar su existencia y la de quienes están a su lado. ¡Ya está bien! Desafía a tu equivocada razón, si realmente lo está, y preocúpate en sacar lo mejor de ti mismo, para poder dárselo a los demás. Ese es el sentido de este principio, no dejar nunca de soñar con lo posible.

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