No,
el diario no hablaba de ti,
ni de mí.

Sólo silencio.

No se escribía nuestra historia
en renglones existenciales,
ni mariposas revoloteaban
por nuestros estómagos.
  
 No se escuchaban reproches,
ni lloros,
ni voces altas;
no había mentiras,
ni verdades delante de las retinas,
tampoco besos,
ni caricias, ni mordidas.

Nada más que recuerdos,
como fantasmas errantes
sobre la piel de la memoria.

Sólo silencio.

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2 comentarios

Qué triste es cuando no nos queda nada, tan solo vacío. Ánimo!

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