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Las amistades

Amistad, divino tesoro. Un tesoro que, por otra parte, no puedes poseer. Si lo intentas, deja de tener sentido y te quedas solo, sin nadie que te dé un abrazo y sin nadie con quien puedas brindar por siempre.

Me vienen a la cabeza varias citas célebres: “el hombre es un ser social” y “el hombre es un lobo para el hombre”, entre otras muchas. Como puedes comprobar, hay mucha distancia entre una y otra, y las cargas semánticas son muy diferentes. Sin embargo, están muy relacionadas entre sí; necesitamos relacionarnos con gente, pero podemos llegar a ser lobos para ella, es decir, podemos cortarle las alas por querer que cambie algo de sí misma. Esa es una gran equivocación.

Lo bueno de la amistad, según siempre se ha dicho, es el desinterés de una persona hacia otra, ya que no se busca nada en particular, sino que, simplemente, la valora, la quiere y está con ella. Lo malo es abusar de la confianza, remover la basura cuando ésta está bien donde se encuentra y esperar que todo sea diferente al llevar a cabo tal acto. Todo tiene sus consecuencias, nadie está a salvo de perder ese tesoro tan preciado.

Ya sabes, haces casi todo por alguien y ese alguien no responde en la misma medida. Al principio dices que “bueno, es así y no va cambiar”, pero durante muchísimo tiempo sigues dejándote la piel por tal persona y no hace nada al respecto. Hay quien le llama incompatibilidad, pero yo le pongo la etiqueta de “egoísmo”. La DRAE lo define como un “inmoderado y excesivo amor así mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás”, lo cual no deja de ser una verdad como un templo.

Cuando un amigo o amiga sólo se mira su ombligo, hay un momento en el que te ves en la tesitura de tener que elegir: ¿le digo que no está haciendo bien o me alejo? Muchas personas suelen coger el segundo camino, se marchan y no vuelven así como así. Incluso, hay quienes esperan una llamada de esas en las que haya razones que arreglen miles de años de malos detalles. Eso no sucede siempre. Otras personas, en cambio, son más pacientes, dicen lo que no gusta y esperan que ese alguien corrija su actitud, lo cual es engañarse a sí mismo y esperar aquello que, sabes, nunca pasará.

Es doloroso perder una gran amistad, pero más doloroso es observar que realmente no lo era. Al principio, pasas por esa fase en la que sientes odio hacia el mundo, después te deprimes y posteriormente dejas el tiempo pasar. Te convences a ti mismo, cuando te dices que no hay sufrimiento alguno, y después sabes que siempre se quedará clavada esa espinilla en el alma, esa sensación amarga que irá contigo de por vida. Es un calvario más, una dura prueba por la que pasa el hombre alguna vez en su vida.

Pero no todo es malo, eh. También hay amigos formidables. Por ejemplo, el que te ofrece su hombro cuando estás mal y te abraza porque sabe que lo necesitas de verdad. Aquel amigo que te pregunta cómo estás e incluso te dice lo mucho que te echaba de menos, aunque no te lo esté confesando de manera directa. Ese amigo que te ofrece su casa, te da de comer y SIEMPRE - y digo siempre - te dirá lo bien o mal que te ve, con el objetivo de que tú seas más feliz, sin mayor interés que ese. El amigo que, lejos del lugar en el que tú estás, se acuerda de ti y está dispuesto a ponerse en contacto contigo como sea. Esa es la amistad valiosa, la imperecedera, la real, la preciada y apreciada. Esa es la amistad que todo el mundo quiere, pero que a veces no encuentra así como así.

También hay amistades extrañas, como aquel amigo al que no ves desde hace mucho tiempo, lo llamas y siempre está. Pasarán miles y miles de años, esa persona te recibirá encantada y estará dispuesta a prácticamente todo por ti. También existen amistades que son capaces de sufrir difíciles pruebas, siempre que sea contigo. “¿Te vienes a nadar en una piscina llena de tiburones y embadurnados con sangre? ¡Vale!”. Esas amistades también merecen la pena.

Definir la amistad es difícil. Muchas veces nos han preguntado qué es y hemos recurrido a nuestras propias experiencias para dar con una definición exacta. Incluso, no jugaría el cuello si dijese que no hemos sabido responder del todo a dicha cuestión. Simplemente, sabemos que está, que el verdadero amigo no te ridiculiza delante de gente, que no te hace feos - como no escucharte cuando le hablas o que le importe realmente poco tu vida -, que mostrará afecto en mayor o menor medida, que te ayudará como pueda para que seas mejor persona y te sientas bien. El verdadero amigo no pone condiciones y se juega la piel por ti. No necesita ir con una candelabro por la calle, como haría Diógenes, para buscar el verdadero hombre a la luz del día, ya que sabe que en ti lo va a encontrar.

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