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La magia del formato sonoro

Existen bastantes maneras de editar audio, como variados son también los géneros literarios, musicales, radiofónicos o de cualquier otro tipo. Esto podría deberse a que la creatividad del ser humano es amplia y sabe proyectarla de diferentes maneras.


A lo largo de la existencia de Café y noche, he intentado hacer uso de distintas formas de presentar el audio, hasta que, finalmente, me he quedado con una que me gusta en especial. A día de hoy está presentado de la siguiente manera:

Primera parte:

- Cabecera del podcast.
- Editorial (el apartado más personal).
- Tema musical.
- Presentación.
(Transición)

Segunda parte:

- Cabecera de sección.
- Primera sección del podcast.
(Transición)

Tercera parte:

- Cabecera de sección.
- Segunda sección.
- Despedida.
-Canción (no siempre).

¿A que se debe que haga uso de este formato? Pienso que el oyente no quiere perderse cuando escucha un podcast, aunque sí le gusta que, de tanto en tanto, haya algún cambio que le sorprenda. Por ejemplo, Los Danko, el podcast del humor que estabas esperando, juegan con diferentes formatos que van variando de vez en cuando: dos secciones, a veces una, otras van mezclando muchos temas y, de rato en rato, buenas dosis de corporativismo podcastero - promos propias a cascoporro, pero hechas con buen gusto -.

¿Sólo en la podcastfera hay libertad de formatos? NO. Te podrá gusta más o menos, en el programa Afectos en la noche no utilizan una estructura invariable, sino que la producción - similar a la de cualquier edición de un podcast - se reinventa sobre la marcha y va dando lugar a un espacio en que el oyente no sabe exactamente qué va a pasar a lo largo del programa. Este aspecto, que puede ser caótico para muchos, es precisamente aquello que le da vida al mismo.

A título personal y para ir cerrando esta pequeña reflexión (podría extenderme bastante), confieso que me enfada mucho cuando podcasters y locutores ponen muros entre ellos. ¿Hay diferencias entre unos y otros? Por supuesto que sí, pero eso no significa que unos como otros no hagan grandes programas. La diferencia viene marcada sólo y exclusivamente por los años de formación de un locutor, por el buen o mal uso que se le dé al canal en el que tiene lugar el programa/podcast y la rigidez del formato. No hay muchas más diferencias y no hace falta que el debate de radio versus podcast dure más de la cuenta - ya llevamos casi 7 años con la misma disputa innecesaria -.

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