Sucede que a veces viene una bocanada de aire que purifica y hace cambiar el rumbo del barco en el que navego; conforme más empeñado estoy en ir hacia el objetivo fijado, más difícil es llegar a alguna parte. De repente, cuando menos lo espero, aparece una señal que hace confiar en el presente que habito y hay un horizonte en el que se divisa un mundo posible.

En ciertas ocasiones, en el instante más inesperado, ocurren fenómenos que denotan nuevas circunstancias y la vida, que antes era un laberinto, posee caminos rectos y definitorios. Entonces, una sonrisa se perfila en la cara y el ánimo, que suele estar en baja forma, queda reflejado en la mente como una luz que alumbra la senda que hay que recorrer.

Quizás es que la existencia es como una montaña rusa en la que hay agresivas bajadas y subidas, igual es que nunca supe exactamente en qué consistía, lo mismo es que mis pies nunca fueron hacia alguna parte. Quién lo sabe… Lo que está claro es, que por más que pasa el tiempo, siempre hay alguien que te tiende su mano, te apoya en los momentos complicados y sabe dar una segunda oportunidad. Incluso, puede que hasta no haya un número exacto de oportunidades.

El simple hecho de pasar por aquí, de transitar estos espacios de angostos caminos, es suficiente para creer que hay que seguir adelante. No lo digo por regalarte el oído, lo hago porque creo fielmente en lo que afirmo, en lo que asevero, en lo que escribo. Sin ti, sin la persona que está dispuesta a echarme un cable cuando le falta electricidad a mi vida, no tendría sentido nada de lo que hago.

Te paras frente a mí, me miras a los ojos, me ves triste, desmotivado, pero igualmente crees que soy capaz de darte lo que buscas, o de dármelo tú a mí. Por ello, a partir de ahora lucharemos juntos en cada batalla y miraremos a los gigantes fijamente, sin miedo, sabiendo que, ayudándonos, podremos ir a cualquier parte. Si hace falta, hasta sin barco podremos recorrer el mundo.

No obstante, déjame decirte que eres de las pocas personas capaces de quedarse a mi lado. Hay quien me conoció y pronto pensó que, por mis maneras de sentir, de pensar, de creer, de observar el mundo, no tenía nada que hacer en esta vida. Por eso yo hoy te doy las gracias, sin tan siquiera saber cómo eres exactamente, sin preguntar más de lo que puedo saber, sin juzgarte… Simplemente, te doy las gracias por creer en mí en estos momentos, cuando parece que falta una bocanada de aire fresco que alivie ese pequeño dolor que a veces se queda clavado en el pecho, el de la poca ingratitud hacia uno mismo. Encarecidamente, te doy las gracias por estar al otro lado, por no hacerme sentir débil, por pensar que esta existencia tendrá más sentido si la vivimos juntos de alguna manera.

Sucede que a veces viene una bocanada de aire que purifica y hace cambiar el rumbo del barco en el que navego, sí. Pero ya no…no, ya no tengo miedo.

2 comentarios

la neta que esta fabuloso,felicitaciones,mis respetos.

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Muchísimas gracias!

En el programa 53 de cafeynoche.com - mi podcast -, puedes escucharlo en vez de de leerlo :)

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