Oh, tiempo, ¡maldito traidor!
Recorres kilómetros
de años dibujados
sobre la piel de la memoria.

Mientras tanto,
una esquirla de aire
se filtra por los poros,
como la punta de un puñal
que marca huella
en el débil tejido
de la existencia.

Y a nuestro paso,
terrible enemigo,
quedan los caminos, 
como vestigio delator
de quienes hemos sido.

De las palabras,
herramientas de angostas etapas,
nos valemos para relatar
cuanto ha acontecido;
con mayúscula coyuntura
son hiladas a la realidad 
de nuestros días
y, a veces, sepultadas
en los momentos pasados 
de la vida.

Oh, tiempo,
aunque nada resulte fiable,
pese a que todo perece,
creemos en sueños 
que nos encaminan 
hacia un final
en el que nunca es tarde.

Y tú, atroz asesino,
una senda garabateas
en nuestra piel
para que nunca seamos nada,
si no viajamos en busca 
de un cruel e inevitable destino.

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