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Es

Es la pasión que envenena por dentro, como un virus que va creciendo en el fondo del alma; la sensación por la cual tienes deseos de romper el mundo en infinitos pedazos que deseas que terminen desperdigados donde nadie pueda hallarlos. Es comprender que nada encaja, que aquello en lo que has soñado no existe en realidad como a ti te gustaría encontrarlo alguna vez en la vida.

Es divisar por tu ventana un inmenso horizonte en el que no hay nada; entender que has estado años y más años luchando sin sentido contra un hormigón de cruda existencia y sentir que todo ha sido una extraña aventura sin lógica en mitad de un mar de niebla. Te has enfrentado al mundo con los puños cerrados, mostrando tu cólera a la gente, y has sabido que no ibas por el camino adecuado.

Es perseguirse en silencio y recorrer cada rincón de tu cerebro buscando una respuesta; es dar respuesta a aquellos interrogantes que formulan un día tras otro, para que encauces tu camino de manera correcta y aceptable para los demás; es ir en contra de la prepotencia de los sentidos; es buscar una razón que ilumine los huecos de un corazón oscuro a causa de anhelos que nunca llegaron a verse cumplidos.

Dormitar en las esperas parece la señal de cuanto sucede alrededor y despertarse de manera violenta por culpa de los golpes que da la vida; aprender de lo que no se tiene y perder, en una fracción de segundo, el éxito que has cosechado en tu corta y triste vida. Parece que todo perece, o eso es lo que te dices a ti mismo, cuando escribes en una hoja en blanco una cantidad inmensa de deseos ante un huracán que todo lo arrasa y no deja nada en su camino, en el tuyo.

Es arrebatarle su identidad a la razón y empezar a creer en la esperanza; es amarrarse al mástil cuando el barco se tambalea en mitad de la tormenta, cual Ulises o Turner, y ser consciente de cómo puedes hallar luz más allá de las tinieblas de nuestras pasiones más profundas; es ir tan lejos como puedas en un camino por el que no ves a nadie y llegar el primero a esa meta, gracias a la cual todo cobra sentido.

Tu rabia, la soledad, la inseguridad, el miedo y no creer en lo posible. La suma de todas esas sensaciones tienen como resultado el fracaso por el que todo parece ir muriéndose poco a poco, pero es ahora, justo en este momento, cuando comprendes que tienes que seguir combatiendo sobre ese terreno minado, e ir saltando, como si te fuese la vida en ello, todos los muros y obstáculos que te han impedido ser feliz. Y hoy, por eso mismo, brindo por ti.

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