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La magia de las palabras

Embebido en las historias, el ser humano escapa de la realidad cuando puede. Le ocurre desde que el mundo es mundo, y esto es un fiel reflejo de la cultura.

Ideas, conocimientos, teorías e historias; todo ello y más recorre el estrecho camino de la realidad personal, para, después, dar lugar a muchas más ramificaciones, en las que se hallan, inscritas, emociones que son el pan de cada día. Es más, hay quien, cual Quijote, pierde el norte y se ve muy capaz de luchar contra molinos de viento; hay personas que, no contentas con sus propias historias, salen en la búsqueda de otras, por medio de los muchos tomos depositados en los viejos estantes de las bibliotecas que hay en el mundo.

Ciertamente, la realidad no es tal cual se mouestra en multitud de libros, pero sí es posible extraer un magnífico constructo de percepciones, con el que poder hacer frente a lo vivido, aunque también a aquello que nos queda por vivir.


Está claro, la Literatura Universal no es la totalidad de la vida y no dará soluciones a nuestros problemas. Sin embargo, nos ayudará a refugiarnos, aunque sólo sea en unos breves instantes de nuestra vida, en excelentes mundos en los cuales seremos completamente felices.

Hace tiempo tuve un profesor en la Universidad, Arturo Merayo, quien había escrito muchos libros sobre radio. Entre ellos, se encontraba "La magia radiofónica de las palabras", un trabajo que, además de no dejar indiferente, señalaba muy bien las enormes posibilidades de estos pilares básicos en la comunicación, las palabras. Trasladadas a un contexto en el que sólo pueden ser leídas, descubren la importancia del ser humano ante el mundo; no sólo se comunica haciendo uso de ellas, también le permite evadirse y construir el suyo propio, leyendo o escribiendo.

A pesar de que Merayo quería dar a entender más aspectos con "La magia radiofónica de las palabras" , puesto que es un manual para aquellas personas que se inician en el mundo de la radio, me hace comprender mejor, a estas alturas de mi vida, el poder que tienen las palabras.

No sé si a vosotros os sucede lo mismo, yo creo que, sin ellas, el mundo sería algo parecido al cine mudo, pero sin el encanto que éste tiene para quienes se deleitan con él.

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