No voy a entrar en el debate de quién es mejor o peor político y por qué se merecen o no una ostia. Hoy he estado consultando una entrada de Somos de periodismo y me he enterado de que al primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, le han dado una buena - o mala - torta.

No me preocupa si le ha dolido o no, lo que me inquieta es la crispación que hay hoy en día a causa de la mala política. Me entristece que vayamos predicando con el ejemplo de buenos ciudadanos, respetuosos con la sociedad en la que vivimos, y luego pensemos en la paliza que le daríamos a tal o cual persona. Eso es lo que realmente me apena.

La noticia sobre el golpetazo al dirigente italiano ha saltado a los medios de comunicación - obvio, puesto que es un hecho actual y sorprendente -, y ha hecho que muchas personas, que quizás ya guardaban cierto odio hacia el político, critiquen la actitud - aceptable o no - que siempre ha tenido Berlusconi de cara a la opinión pública.

Aprovechando el incidente, hay quien ha comparado al político con otros; teniendo en cuenta el ostión que le han dado, algunos han pensado en el que le propinarían a otros políticos. No me parece correcto y, por tanto, no acepto que haya personas que carguen su odio en otras personas. Quizás se deba a la fuerza de los valores que he adquirido a lo largo de mi corta vida, o puede que se deba a que, aunque yo también sienta a veces asco hacia algunos representantes políticos, nunca sería capaz de atreverme a pegar a alguien por hacer una mala campaña política.

Lo que verdaderamente me da vergüenza es que algunas personas, las cuales conviven dentro de una misma sociedad, se atrevan a pensar en la posibilidad de pegar a otras simplemente por pensar de forma diferente, tan sólo porque no hagan las cosas como a ellas les gustaría.

Por favor, que alguien me diga en qué sociedad vivimos, en qué vamos a terminar convirtiéndonos, quien es aquí la víctima y cuál es verdaderamente el verdugo

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