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Ser poeta.

Hace nueve años empecé a escribir poesía. No lo hice así porque sí, sino porque me encontraba triste y tenía la urgente necesidad de plasmarlo de alguna manera. Desde ese momento me decidí a escribir lo que sentía.

Hay muchas maneras de contar lo que uno piensa sobre un tema, pero pocas para expresar lo que siente. Yo sólo conozco una con la que puedo ser completamente libre y extremadamente sincero: La poesía.

Por desgracia, aún encuentro personas que entienden la poesía como un puñado de líneas, presas de una métrica rigurosa y fría en intenciones. No por ello quito importancia a lo que hayan escrito otros, puesto que reconozco el mérito, pero sí estoy 100% seguro de que el hecho de que yo sea poeta no tiene por qué significar que milite la métrica con escrupulosa regularidad. De hecho, la detesto. Es más, hay personas que son de izquierdas y derechas y no significa que hayan estado a la cabeza de un partido político. Es absurdo pensar que un poeta tiene que dominar por narices la métrica para ser considerado como tal.

De pequeño tuve que analizar un poema de Rafael Alberti, “La paloma”. Reconozco que cuando me puse frente al texto no ví sólo una estructura poética, sino que pude sentir cómo la paloma de la que hablaba aquel grande entre los grandes, Rafael Alberti, era una persona – esa era la metáfora - que había tenido que renunciar a sus creencias y marchar a otro país. Cada metáfora despertó en mí miles de sensaciones. Por eso y por muchas otras cuestiones que serían difíciles de explicar, puesto que la mayor parte de ellas son propias de mi alma, me considero poeta. No más poeta ni menos que otros, sencilla y humildemente soy poeta.

Bien es cierto que he de ser una persona muy leída – algo complicado, ya que publicar, sin que lo hagas por cuenta propia, no es nada sencillo- para conseguir el premio Príncipe de Asturias, pero, por Dios, no pretendo ni mucho menos tal reconocimiento. Sólo quiero que nadie se engañe. Tan sólo pretendo acercar una idea más certera a aquellos que estén confundidos y asegurar que para ser poeta no hace falta escuela, sino corazón. Eso es lo más importante y a la vez lo más complicado de explicar. El poeta sabe cuándo lo es y es reconocido por otros desde el momento en el que una sola palabra, idea o conjunto de versos despierta en alguien una pequeña emoción. No se engañen más. Se es y punto. No hay más vueltas ni más quebraderos de cabeza por mi parte. Me hicieron dudar dos personas, pero he vuelto con más fuerza. Disfruten de los versos.

1 comentarios:

Álex dijo...

Decía Miguel d´Ors un 20 de enero de 1972:

Es una cosa extraña ser poeta,/
es una cosa extraña sentir la propia vida/
llena de muchedumbres,/
escuchar en el propio canto todos los cantos/
y cotidianamente/
morir un poco en todo lo que muere./

Es una cosa extraña ser poeta;/
es sorprender al niño en los ojos del viejo,/
es oír los clamores del bosque en la semilla,/
adivinar que hay una primavera dormida/
bajo cada nevada,/
partir el pan y ver los segadores./

Es una cosa extraña: ser poeta/
es convertirse en tierra para entender la lluvia,/
es convertirse en hoja para saber de otoños,/
es convertirse en muerto para aprender la ausencia.


También decía un viejo compañero que lo un sentimiento lo explica un novelista en 40 páginas, y un poeta en 4 versos. La lírica es el idioma del sentimiento. Te animo a seguir usando ese idioma tan caprichoso, que a la par te da la tristeza y la alegría.

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