Me encanta la música. Puede decirse que he heredado esto de cantar, pues una vez decidí seguir los pasos de mi madre, quien está en una...



Me encanta la música. Puede decirse que he heredado esto de cantar, pues una vez decidí seguir los pasos de mi madre, quien está en una agrupación musical desde hace más de veinte años.

Canto para vivir y vivo para cantarlo. Cada vez tengo más claro que es lo mejor que sé hacer - aunque me quede mucho por aprender - y estoy empezando a creer en la música; habrá quien diga aquello de "esto es pan para hoy y hambre para mañana", pero uno ha de ser consecuente con sus actos y disfrutar el momento, en la medida de lo posible.


Es un oficio sacrificado, ya que no ofrece grandes libertades, y lo cierto es que te obliga a guardar para mañana el dinero que has ganado hoy, pues las actuaciones varían según la temporada estival. Quien lo ha probado, sabe qué ventajas e inconvenientes tiene la vida del artista.

Realmente, no sé si puedo llamarme artista. Sin embargo, tengo claro que me encanta hacer feliz al público cuando interpreto una canción y que, a pesar de haber sido tímido toda mi vida, procuro dar lo máximo de mí en el escenario, un aspecto que no es especialmente fácil.

En mi caso, los músculos de los hombros se me engarrotan con la tensión, hasta el punto de dejarme con poca movilidad, y los primeros minutos de actuación suelen parecerme, por lo general, algo complicados. Tras un rato sobre las tablas, todo fluye positivamente y se apodera de mí una ilusión que es fruto de la complicidad que se establece con el público. También se debe a la satisfacción de estar desempeñando una labor que hace que me sienta realizado.

No os miento, si os digo que me emociono con facilidad cuando veo algún programa musical en la televisión, pues conozco de primera mano qué se siente cuando tienes que pasar algunas pruebas para cumplir el sueño de tu vida; como muchas personas, me he presentado a casting de Operación Triunfo y he tenido que volver a casa con una gran desilusión. No siempre se tiene lo que se quiere.

Con el tiempo he comprendido que hay vida más allá de los realities y uno no está obligado a pasar por ellos para solucionar su existencia. Que sí, que todos tenemos cantantes a los que nos gustaría parecernos en algo, pero hay que poner los pies en la tierra y ser consciente de cuál es la finalidad real que buscamos. Lo demás vendrá, si es que es tiene que ocurrir.

Actuar tiene procesos previos. Para ello, hay que viajar a sitios que quizás no conozcas y dejar a tu familia lejos; convivir con personas que tienen sus propias maneras de entender las cosas; colocar el equipo - si no eres cantante de orquesta -; tener la garganta y la mente al máximo rendimiento; aceptar las condiciones de quien te contrata y cruzar los dedos para que no falle nada.

Además, ¿por qué no decirlo? En el camino das con personas solidarias, que no dudan en aportarte todo lo que necesites, y también con otras que te envidian o te ningunean. Por desgracia, en el mundo de la música existen estas sorpresas, como ocurre en otros ámbitos.

A pesar de lo malo, al siguiente día sale el sol de nuevo y los aspectos negativos quedan atrás. Como bien se dice, no hay mal que cien años dure y está más que claro que lo importante es hacer aquello que te gusta, si las circunstancias son propicias para tal fin.

¡Por fin ha llegado la noticia! ¡Ya es oficial! Me van a publicar la investigación que versa sobre la Fábrica de Mosaicos y Piedra Arti...


¡Por fin ha llegado la noticia! ¡Ya es oficial! Me van a publicar la investigación que versa sobre la Fábrica de Mosaicos y Piedra Artificial La Cartagenera, la empresa que mi bisabuelo Asensio Díaz Solano, su hermano José y Esteban Ros, cuñado de estos, instalaron en Almería en 1917; sin duda, es una historia que merece ser contada, ya que mi tío bisabuelo José Díaz Solano se fue de Cartagena con muy poco dinero en sus bolsillos y consiguió montar un pequeño imperio, con esfuerzo y amor a su trabajo, en la ciudad andaluza.

Inicié Almería Costumbrista en 2014. Mi idea era contar por la red, con mayor o menor acierto, algunas historias curiosas de las calles y personas representativas de mi ciudad, por lo que, en un arranque de ego absoluto, me dio por buscar datos referidos a familiares míos.

Aquel espacio digital nació porque acababa de finalizar mis colaboraciones en Cadena Ser y Canal Sur, emisoras a las que iba todas las semanas para contar leyendas, chascarrillos y un largo etcétera de un centro de patrimonio, de cuyo nombre prefiero no acordarme. No quería dejar pasar la oportunidad de seguir escribiendo sobre aquellos temas y seguí indagando por mi cuenta, sin cobrar ni un céntimo por dicho trabajo.

Un par de años más tarde ya tenía contacto con Ginés Valera, un almeriense que ama su tierra y lo manifiesta por medio de los diversos materiales que comparte en sus redes y en los diarios locales. Gracias a Valera, mi padre supo que el Instituto de Estudios Almerienses estaba a punto de iniciar una beca de investigación, por lo que él, mi hermana y yo presentamos nuestras respectivas ideas y finalmente el organismo eligió la mía.

Era la primera vez que me iban a pagar por un trabajo de tales características y me hallaba un poco verde. Habría sido lógico que hubiese presentado un texto que ya tuviera medio planificado, pero mi impulsividad y mis ganas hicieron que me lanzase a la piscina con muy poco material recopilado, sin saber muy bien si iba a poder presentar una obra al nivel que se me exigía.

Desde aquel momento me puse manos a la obra - nunca mejor dicho -. Visité los archivos de mi ciudad; viajé con mi padre a Linares, pues La Cartagenera tuvo sede en dicho enclave y en Sevilla; hablé con familiares que conservaban recuerdos de la fábrica; organicé el material fotográfico  del que disponía para la investigación y rastreé el espacio digital de la Diputación de Almería en busca de datos interesantes para el trabajo.

Ha sido una experiencia inolvidable, pero ha habido luces y sombras en ellas. En el proyecto colaboraron personas de manera incondicional, mas tuve la mala suerte de conocer a una que sólo me daba permiso para usar su material en la futura publicación del Instituto de Estudios Almerienses y, para colmo, otorgaba tanto valor a sus datos aportados que parecía que sólo los suyos fueran los más relevantes y los determinantes en el desarrollo de la investigación, lo cual era completamente falso.

También debo añadir que no siempre he contado con el apoyo de personas cercanas, pues algunas han preferido dar prioridad a otros asuntos. Sin ánimo de parecer pretencioso, quizás no han sabido ver que esta investigación nos sucederá cuando no estemos y será un bonito legado por el que se recordará a aquellas personas que tanto lucharon por sus vidas.

Recuerdo un dicho que encaja fantásticamente con este anuncio que hoy os hago: en la vida hay que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Bueno, amigos, pues estoy a punto de cumplir dos de esos objetivos. Respecto al que falta, os dejo, tengo que hablarlo detenidamente con mi pareja.

Estos días, debido a la muerte de Juan Goytisolo , he estado buscando algunos de los trabajos que realicé para la carrera de Periodismo, ...


Estos días, debido a la muerte de Juan Goytisolo, he estado buscando algunos de los trabajos que realicé para la carrera de Periodismo, por lo que he encontrado una carta al Director de IDEAL entre tantos papeles; se trata de una práctica que tuve que realizar para una optativa de bachillerato, en concreto de la asignatura Medios de comunicación, impartida por el periodista José María Granados.

El título de este post lo dice todo, indudablemente conecta al deseo de almerienses y recuerda que, no mucho después de aquel breve texto que me publicaron, tuvimos la gran suerte de verlo iluminado. Recuerdo que otorgaba personalidad a una zona que, desgraciadamente, hoy está oscurecida y cercada con unas vallas que impiden aproximarse al cargadero de mineral. ¿Despropósito? ¿Dejadez? ¿Falta de entendimiento entre instituciones? No seré yo el que juzgue tal cosa, pues me limitaré a reflejar el mensaje del que os hablo.

Señor Director de IDEAL: Hace ya algunos años tuve en mente la iluminación del cargadero de mineral y dado que ahora se protege por Junta de Andalucía y lo van a restaurar, me gustaría que mi propuesta se tuviera en cuenta.
Imagine lo que ve un ciudadano cualquiera que pasea por el Paseo Marítimo a la altura de la plaza de la Ballena, un lugar mejorado, grandes pasos, pero le faltaría algo que creo que es imprescindible: la belleza nocturna.
Por eso, si iluminaran el viejo cargadero, sería algo que daría realce a la ciudad y se grabaría en quienes nos visitan. Cuando por la noche me asomo a la ventana de mi casa, lo que veo es como un cuadro al que le falta el fondo. Observo la Rambla y al final imagino la belleza histórica que conserva el cargadero. ¿Lo van a iluminar?
5 de Diciembre de 2001. 


Palabras que salen del alma y llegan con fuerza al corazón de los lectores. “Barrio Alto. Los paraísos perdidos”, de Agustín Be...


Palabras que salen del alma y llegan con fuerza al corazón de los lectores. “Barrio Alto. Los paraísos perdidos”, de Agustín Belmonte, es un buen ejemplo de ello, un relato que consigue atrapar desde las primeras líneas. Toda una apuesta en un tiempo en el que, desgraciadamente, se consumen más medios audiovisuales que impresos.

Así lo describe, en parte, el Instituto de Estudios Almerienses:

"En esta narración se pretende construir, a través de diversas vicisitudes infantiles que transcurren en los años 50 y 60 del pasado siglo en un barrio concreto de Almería, una reflexión sobre la época".

El autor de este libro da a conocer la vida de quienes habitaron un entramado de calles que actualmente está cambiando a gran velocidad, por lo que el relato no carece de valor en este momento de significativas transformaciones en el tejido urbano y social almeriense. Además, consigue que, en mayor o menor medida, nos veamos reflejados en las diversas historias que narra en él.


Pequeñas casas cargadas de grandes relatos; estrechas y laberínticas calles por las que jugaban los niños; empresas familiares que eran levantadas con pocas pesetas y mucha dedicación; identidad en estado puro e incontables dosis de recuerdos que Belmonte ha sabido mostrar con creces en este estudio particular que hará las delicias de los que aman las historias locales.  


Foto: Aleinadcar2009 Polvo que nos muestra una señal, está en la tierra y en el mar,  cruza horizontes con su luz;  rayo que n...


Polvo que nos muestra una señal,
está en la tierra y en el mar, 
cruza horizontes con su luz;
 rayo que nos ciega en soledad,
descubre tiempos y verdad, 
recorre norte y también sur.

No valdrá de nada escapar, 
conquista el mundo sin piedad,
colma de hielo nuestra paz, ella es el fin.

Tan sólo existe una verdad, 
el destino que te espera llegará,
aunque no sepas la letra de la canción,
vive el momento con pasión, 
no dejes que nadie rompa tu ilusión,
y busca las respuestas de la cuestión.

No valdrá de nada escapar, 
conquista el mundo sin piedad,
colma de hielo nuestra paz, ella es el fin.

Foto: Celso Flores Vivo en la arena y el mar, bombardeado en miles de batallas, vivo en este y otro lugar, mis pies, cansados, recor...

Foto: Celso Flores

Vivo en la arena y el mar,
bombardeado en miles de batallas,
vivo en este y otro lugar,
mis pies, cansados, recorren las fronteras.

 Siempre en alerta para escapar,
sobre la espalda cargamos las conciencias.
Hoy aquí, mañana allá,
desde despachos apuestan nuestras tierras,
y yo no entiendo la vida en este tiempo,
 que nos empuja con fuerza al infierno.

 Errante soy en mi padecer,
me juego el cuello por injustas doctrinas;
huyo del aire al amanecer,
quizás nos traiga infinitas mentiras.

 Vivo pendiente del mar,
 mi barca espera que llegue su salida,
vivo enganchado a la realidad,
sobre los mapas dibujan mi deriva.